La escalada de violencia se le fue de las manos al gobierno mexicano. En lo que va del 2010 se estimó que las muertes causadas por los cárteles de drogas ascienden a 5 mil (23 mil desde el 2006) y en la semana del 11 al 17 de junio se contabilizaron alrededor de 200. Sólo el viernes 11 de junio murieron entre 68 y 89 personas (no hay cifras oficiales) en un enfrentamiento en un Centro de rehabilitación de Chihuahua, considerándose el día más sangriento del último sexenio.
La necesidad del gobierno del presidente Felipe Calderón por silenciar las noticias sobre la alarmante violencia que vive el país no son menores: el 2010 es un año electoral, donde se disputarán 10 gubernaturas y cerca de 2 mil cargos legislativos en 13 de los 16 Estados (casi todos a celebrarse el 4 de julio próximo).
A la carrera electoral hay que sumarle que uno de los ejes que Calderón planteó para su gestión fue la llamada “Guerra contra el narcotráfico”, una cruzada en la que se invirtieron 1300 millones de dólares desde su anuncio el 5 de diciembre de 2006. Estos “planes de combate” emplearon a 96 mil miembros del ejército, casi 400 mil policías y más de 200 aeronaves y embarcaciones; un esfuerzo estéril, a juzgar por los resultados. Jorge Fernández Menéndez, autor de numerosos libros sobre narcotráfico en México y columnista del periódico Excélsior, muestra el principal déficit de la ofensiva del Estado federal mexicano: “en una guerra se debe explicar cuáles son los objetivos concretos a alcanzar y destacar cómo se va a llegando a ellos. Y eso no ha ocurrido”, afirma.
En tanto, los 29 mil millones de dólares anuales con los que cuentan los cárteles mexicanos por el lavado de dinero, le aseguran la penetración en todos los estratos del poder político, hasta tal punto, que muchas veces cooptan completamente algunos organismos estatales. La impunidad que les proporcionó la corrupción de las instituciones verticales, les permite ahora expandirse horizontalmente hacia el tejido mismo de la población, lugar del cual difícilmente pueda ser removido, sin lastimar profundamente a la sociedad mexicana en su conjunto.
Matar al mensajero
En el Foro Binacional de Medios: Los Retos de la inseguridad y la violencia, México-Estados Unidos, el Secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, sostuvo ante los representantes de los grandes grupos mediáticos que “no hay libertad sin responsabilidades” y mencionó el Acuerdo de discreción con que el gobierno Colombiano envolvió a la prensa en su campaña contra los cárteles.










